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Una húngara sobrevive las junglas panameñas (Entrevista)

Ha llegado un momento que llevaba esperando desde hace mucho tiempo. Por el post anterior que escribí en húngaro acerca de Panamá, me escribieron varios húngaros que han vivido o que viven en Panamá. Esta muchacha me prestó un poco de su preciado tiempo y conversamos acerca de su estadía en Panamá. Me sorprendieron muchas de sus respuestas y otras no tanto, pues son cosas que vi toda mi juventud. Me causó muchísima alegría ver mi país a través de sus anécdotas y me puse medio nostálgico. ¿Qué te puedo decir? Patria son tantas cosas bellas…

Isla Coiba, Panamá – Marzo del 2008

E aquí el intercambio de preguntas y respuestas.

R: ¿Qué te llevó a Panamá?
E: Vivimos allá por el trabajo de mi esposo.

R: ¿Cuánto tiempo vivieron en Panamá?
E:  3 años. Por cierto, no solo fue Panamá, también vivimos en 2 otros países de Latinoamérica.

R: ¿Qué te sorprendió de Panamá en tus primeras semanas?
E: Aterrizar en la jungla y de hecho vivir en medio de la jungla. Rescatamos muchísimos osos peresozos saliendo y llegando a casa. Habían animales por todos lados. Escorpiones, culebras, mariposas y halcones. De todo. Fue algo muy impresionante. También el clima. Tan caliente y con la humedad tan alta, fue muy difícil principalmente por nuestra bebé. Algo también muy interesante era que yo salía con mi niña al parque y de Lunes a Viernes, nunca vi a otra Madre como yo, siempre eran niñeras. Para mí siempre fue muy raro.

R: ¿Cuál era tu lugar favorito?
E: Nunca tuve un lugar favorito. Recuerdo ir al lago gatún y pescar con nuestra niña, para ella era una experiencia sin igual estar tan cerca de tanta naturaleza. Una vez pise una hibisco (en panameño se dice „papo”) y a las semanas ya nacía un arbusto, fue increible. Como arte de magia, solo había visto algo así en dibujos animados. Pezcábamos los pesces „peacock bass”, no me acuerdo el nombre en español. Se que no es especie endémica de Panamá. Habían tantos que a veces teníamos que descansar. Ella se sentía como en casa. Varias veces fuimos con amigos que tenían cayucos y la pasabamos súper bien. De hecho mi hija se bañaba felizmente en el lago, incluso cuando sabíamos que habían muchos cocodrilos inmensos. Con mi edad, ahora mismo, no la dejaría bañarse en el lago. Pero igual, nunca nos pasó nada con ningún tipo de animal.

Otra cosa que me fascinaba eran las tribus. Yo tenía una colección de taguas talladas, también me gustaban las molas y las cestas. Hasta el sol de hoy sigo enamorada de sus artesanías.

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R: ¿Qué provincias visitaste?
E: Si me preguntas por provincias, no me acuerdo, quizás la única de la cual me acuerdo es Colón. Una vez fuimos al Camino Real de Castilla de Oro (el Camino de Cruces), como de 80 kilómetros. Fue también fascinante, nos encontramos varios artefactos muy antiguos. También escuchamos a los monos aulladores. Lástima que nuestra hija no aguantó hasta el final, pero nos encantó.

Los fines de semana asoleados ibamos a Santa Clara lo cual quedaba bastante cerca de nosotros, era como vacacionar todos los fines de semana. Nos encantaba. Antes de salir de Panamá (ciudad), parábamos en un chinito cerca de casa y abasteciamos el carro de todo lo que podíamos, principalmente de ceviche.

R: ¿Cuáles fueron tus mejores vacaciones en esos 3 años?
E: No tuvimos vacaciones. Nunca vacacionamos de la manera que lo hace el europeo que vacaciona en verano, Junio, Julio y Agosto.

R: ¿Qué se te pegó de nuestra cultura?
E: Yo, y de hecho mi familia, siempre tuvimos una conexión o atracción a la cultura latina. No te puedo decir que hay algo que se me pegó, quizás ya estaba en mí. Me acuerdo de pequeña mi padre regresó de viaje y trajo mucha música en español y el idioma tanto como la cultura siempre estuvo ahí. De hecho, uno de mis sueños es mudarme de vuelta a Latinoamérica y vivir mi jubilación allá. Para mí regresar a Hungría fue algo muy difícil. Lo mas importante y lo que mas me gusta de la cultura de ustedes es la manera de relacionarse el uno con el otro. Eso se ve aquí muy poco. Aquí se invierte mucha energía en cosas que se pudieran dirigir a cosas mas positivas, fuese tan fácil de esa manera. Es muy interesante que ahora que estoy de vuelta tengo muchas mas exigencias en cuanto a mi cultura, pero mejor no hablemos de eso. Yo soy rubia, y esto en Panamá era una ventaja y también una desventaja. De una vez pensaban que yo era estadounidense, pero en cuanto les decía que era húngara, inmediatamente el ambiente cambiaba. Eso sí, siempre mantuvieron un mínimo porcentaje de distancia, por ser rubia y europea. Por ser rubia y blanca siempre me cuidé mucho, no salia de noche y mucho menos sola. Algo que me encanta de la cultura es la espontaniedad. Conocí a Ruben Blades de esa manera. Estabamos en un bar restaurante, La Platea se llamaba, y creo que ahora se llama El Malecón. Bajó de su casa y comenzamos a conversar y al final quedamos cantando. Algo fantástico. Algo que también fue espontáneo fue una vez que una de las niñeras de por mi casa, con quien me hice buena amiga, nos invitó a su casa. Nos encontramos en la Casa de Mariscos porque era una dirección fácil de identificar para nosotros y de ahí caminamos hacia dentro. No me acuerdo como se llamaba el barrio, pero estaba lleno de edificios iguales. De camino a su casa vimos a niños jugando futból en la calle y varios tenían armas de fuego. Fue algo impresionante, los miramos y ellos nos miraron y hubo un silencio total. Mi esposo se quería regresar, pero seguimos. No nos arrepentimos porque fue una de las mejores experiencias que tuvimos con gente panameña. La gente humilde fue siempre tan, pero tan amable con nosotros.

R: ¿Qué te chocaba de nuestra cultura?
E: Nada. Como te mencioné, siempre tuve una extraña conexión con la cultura latina, nunca me molestó nada.

R: ¿Alguna vez tuviste algún conflicto con locales?
E: Una vez a nuestros vecinos les robaron y nos sentimos muy mal porque nos vinieron a preguntar si nosotros habíamos escuchado algo, pero de una manera bastante tosca. No los conocíamos y así fue que los conocimos, lo cual no fue la mejor manera. Al final, salió a relucir que los guardias habían estado involucrados y desde ese entonces la relación cambió para positivo con ellos.

R: ¿Cuál llegó a ser tu comida panameña favorita?
E: Yo soy amante de los mariscos, por ende, se puede decir que eso era lo mío, pero algo panameño, panameño, panameño, quizás el ceviche, que de hecho también es marisco. Aquí no lo encuentro, es una lástima. Arroz con coco es riquísimo, plátanos. Lo que pasa era que nosotros no eramos de comer mucho afuera y cuando ibamos donde amigos trataban de cocinar europeo porque sabían que somos europeos. Las pocas veces que comíamos en restaurantes comíamos la clásica pizza.

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R: ¿Cuál fue el plato húngaro que más extrañaste?
E: Ninguno, todo lo cocinaba en casa, incluso túrós palacsinta. Lo único que me llevé de aquí fue paprika, pero todo lo demás lo podía conseguir en los supermercados. Nunca extrañé comida, siempre extrañé a mi familia.

E: Una anécdota muy peculiar que te quiero contar. En Hungría nunca saqué la licencia y me inscribí con un instructor de manejo en Panamá. Salimos un par de veces a practicar y me dieron la licencia en una semana. Lo bueno del cuento es que nunca conducí, estamos a salvo.

Si eres hispanohablante, cuéntame si has conocido húngaros en tu país y como fue la experiencia.

Si eres húngaro y vives en algún país hispanohablante, sería un placer conversar acerca de tus experiencias.

Contáctame y de igual manera lo compartimos en el blog.

Que tengas buena semana,
Renato

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Un panameño en Budapest Un panameño en Budapest

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