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Una carta de un mexicano a Hungría

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A causa de este blog, el cual comencé en Febrero de este año, varias personas me han escrito. Algunos conocidos, pero gente que no conozco también me escriben. Entre las tantas personas que me escribieron hasta el sol de hoy, está un mexicano, ex-colega y amigo mío, él trabajó varios años aquí en Hungría. Una persona que, para ser latino, es bastante reservado o introvertido. ¿Ves? De nuevo con los estereotipos. ¿Por qué tiene que ser gritón porque es latino? No. Puede ser callado.
En fin, hace un par de días me escribió Waldo con su opinión acerca de Hungría y un poco mas específicamente acerca de las mujeres húngaras. Fue una opinión muy detallada y me sorprendió porque nunca me imaginé que era una persona tan observadora y analítica, y tan romántica. Para los que no conocen Hungría, te tengo que informar que el primer comentario que dicen los hombres acerca de las húngaras es que están súper requete buenísimas. Waldo no solamente observó eso de las húngaras. ¿Tienes curiosidad? ¿Ya quieres leer que escribió? Él me escribió a mí, pero a mí me suena como si fuese una carta esto.
Lee a continuación:
Buenas noches señor,
saludos y un fuerte abrazo desde México. Me da gusto leerte y quiero aprovechar esta ocasión para comentarte algo.
Cuando leí tu artículo sobre las peculiaridades de Hungría y su gente, de pronto quise mencionar un par de cosas sobre mi experiencia allá. No me había sido posible porque me sigo adaptando a mi nueva vida como papá y amo de casa de medio tiempo. Pero al fin, aquí te dejo esta opinión personal.
Los hombres en Hungría son amigos leales y honestos. En primera instancia pueden parecer muy serios, algunos hasta groseros, en especial si tienen pareja, o bien intelectuales recelosos, y los ancianos poseen ojos inquisidores. Sin embargo, una vez que les conoces están dispuestos a ayudar de corazón y muestran un profundo respeto por la amistad. Al menos conmigo ninguno de mis amigos húngaros escatimó en palabras de apoyo cuando hubo necesidad, e incluso no faltaban los saludos y buenos deseos, a veces de aquellos que solo veía como compañeros de trabajo.
De las mujeres podría decir algo similar, aunque por su parte, hay algo que desde mi perspectiva destaca mucho más, y ello es su marcado sentido maternal. Sin importar si tienen hijos o no, siempre están atentas a algo, preocupadas por alguien, y no dudarían en interceder o asistir directamente si tuvieran que hacerlo. Como amante de la historia, imagino que este sentido maternal tan arraigado, está ligado socialmente a un amor por Hungría y lo húngaro, lo que proviene a la vez de una serie elementos culturales, costumbres y tradiciones, aún presentes a pesar de la modernidad. Un claro ejemplo, la lengua húngara, antiquísima y muy rica en modismos y figuras sintácticas.
Volviendo al punto, yo pude ver dos aspectos muy interesantes que derivan de esa «maternidad». El primero, la madre de uno puede ser (y trata de ser) la madre de todos. Por ejemplo una experiencia personal: han pasado los años, estoy en México, y aún tengo una relación estrecha con la madre de mi primera pareja en Hungría. Desde que la conocí me ha procurado, y de cariño le llamo Pótanyukám (esto significa mas o menos segunda madre), pues así de grande ha sido su apoyo.
El segundo aspecto: las mujeres húngaras luchan y perseveran por el bien de sí mismas y sus familias, en muchos casos hasta salir del país con tal de lograr un mejor nivel de vida. Podemos decir que eso lo hacen todas las madres del mundo, sin embargo la peculiaridad -comparando con algunas opiniones de mexicanas en el extranjero- es que las húngaras, hasta donde pude observar, siempre contemplan la vuelta a su país, siendo este remanso de alivio y consuelo, o simplemente por la alegría de volver al seno familiar, o como el sitio sin igual para ver crecer a los hijos, a diferencia de mis compatriotas (hombres y mujeres) que ven en el extranjero la mejor oportunidad de cambiar sus vidas.
¿Exagero? No sé, es posible. Después de todo son solo las palabras unilaterales de alguien que en aquellas tierras aprendió a valorar y aprovechar una parte de sí mismo que parecía estar dormida: la conciencia. Estoy muy agradecido por mi tiempo allá, y espero volver un día, con mi familia.
Hasta pronto, estimado compadre.
Mi opinión es que su opinión es bastante acertada, pero sé que alguien saldrá con algún comentario negativo, lo cual es típico en las redes sociales. Déjame por favor aclarar, que esto no significa que él o yo queramos más a los húngaros o a las húngaras o a Hungría que a nuestros países o a nuestra gente. Yo estoy enamorado de Panamá y lo prefiero trescientas veces antes que Hungría. Lo único que me pasa es que quedé aquí y aprecio todas las cosas buenas de este país. Esto también es el caso con Waldo, pero él, de hecho, regresó a México.
Que pases buena semana,
Renato
El que ves en esta foto no es Waldo.
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Un panameño en Budapest Un panameño en Budapest

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