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Cuando regresas a tu país con cosas de Hungría y te pasa esto…

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El otro día conversaba con un colega de España. En menos de 3 minutos de estar conversarsando, ya me dolía el abdomen de tanto reír. La cuestión es que, por supuesto la novia es húngara y por supuesto la suegra es húngara. Y claro, ya yo escribí acerca de las suegras húngaras. Aquí tienes el enlace por si no lo has leído:

https://budapesteshungria.com/blog/las-suegras-hungaras-son/

 

Como tradicionalmente se hace en Hungría, él asiste todos los domingos al almuerzo familiar, donde por supuesto, la suegra se comporta como una muy buena suegra húngara. Este compañero mío ya está automatizado y no se ha ni sentado en la mesa y ya está diciéndole a la suegra: “finom, nagyon finom, Úúúúr Isten, ez fantasztikus, nagyon, nagyon köszönöm hogy ennyire finomat főzött nekünk”. En español: “que rico, está súper rico, Dios mío, está fantástico, muchas, pero muchas gracias por haber cocinado tan rico”.

 

Y por supuesto que de estar en piloto automático todos los benditos domingos del año, cuando viajas a tu país, sigues haciendo lo mismo. Y por supuesto que ahí se te forma un «merecumbé» (problemón) antes de que te acuerdes de que en tu país no es así. Cuando te acuerdas o te recuerdan, ya es muy, pero muy tarde….

 

La Madre de este compañero mío casi le pone la cabeza al revés de la santa gaznatada que le pegó. “¿Qué me andas dando las gracias? ¿Qué crees que lo que te he hecho es un favor? ¿Qué es lo que te pasa? !Que rico ni que rico! !Yo toda la vida he cocinado rico! No se te ocurra agradecerme una sola vez más algo que es mi obligación. No quieras ni siquiera imaginarte lo que te va a pasar la próxima vez”.

“Pero disculpa Mamá, ya no te pongas así”. Le dice el colega a su Madre tratando de calmarla. E inmediatamente sin decir nada mientras respira profundo la Madre va alzándole el brazo con tanto impulso que este hombre se cubre la cabeza con los dos brazos y le dice: “ya Mamá, yaaa, está bien, me quedo callado”. Y la Mamá baja el brazo, pero cuando se deja de cubrir el hombre, la Mamá amaga una vez más para asustarlo.

 

Poniendo la risa a un lado, hay que felicitar a este compañero porque se adaptó a la cultura húngara (por lo menos en eso) y es algo que se hace por respeto. Pero….  Me imagino que nunca jamás se olvidará que cuando visita a su Madre no tiene que agradecer nada. Jajajajajajajajaja!!!!

 

Mismo personaje, diferente tema. El caballero lleva a su novia húngara a España y se la presenta a los padres porque ya la cosa se ha puesto seria. La Mamá ve a la muchacha y le dice «mucho gusto», la mira de arriba a abajo y le dice «se nota que te gusta comer». La muchacha quedó destrozada sin haber estado 5 segundos dentro de la casa de los suegros. Pobre húngara. A la hora o algo así, llega la Tía del caballero y claro que le presenta la novia a la Tía. La Tía le dice «encantada», la mira de arriba a abajo y le dice «tienes buen peso Mija». La húngara quedó deprimida y haciendo dieta en los próximos 6 meses.

 

En Hungría decirle gordo a alguien es un insulto feísimo. No se hace. Pobre mujer. Mientras el colega me contaba y yo «partido de la risa», me acordé de una amiga mía húngara. El esposo es peruano y naturalmente la llevó a Perú a presentársela a los padres. Con los padres no tuvo poblemas esta muchacha, sino con los amigos del futuro esposo. Su sobrenombre entre los amigos es «gordo». Ella estaba en medio de la conversación y cada vez que le decían «gordo» sentía las ganas de meterle un martillazo a cada uno de los amigos. No hace falta escribir que mi amiga tenía un temperamento así como de latina emberracada. Y es que, por lo menos en Latino América, no sé en España,  nosotros tenemos sobrenombres muy despectivos, pero bueno, es nuestra costumbre. «Cabeza» (por ser cabezón), «Oreja» (por ser orejón), «Gordo» (por ser demasiado gordo), «Flaco» (por ser demasiado flaco), «Negro» (por ser un poco negro), «Negrín» (por ser negro y pequeñín), «Negrito» (por ser negro bajito) y «Chino» (por tener los ojos achinados). Esos son algunos de los que me acuerdo. A mí por ejemplo me decían «Renacuajo» simplemente porque las dos primeras sílabas de mi nombre son «Re» y «na». También me decían «Tacaño», porque las dos últimas sílabas de mi apellido se pronuncian «ca» y «ño». En Hungría eso no se hace. No, no, no. Aquí los sobrenombres son Csabi si alguien se llama Csaba. Zoli si alguien se llama Zóltan. Eszti si alguien se llama Eszter y así sucesivamente. Similar a en nuestra cultura cuando a alguien le «achican» el nombre. Renato a Renatito. José a Josesito. Miguel a Miguelito, y así.

 

Cuéntame húngaro si te pasó algo parecido al mudarte a España o a Latino América. Los españoles o latinos, cuéntenme si les pasó algo parecido al llegar acá.

 

Saludos,
Renato

 

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Un panameño en Budapest Un panameño en Budapest

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