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El día que me dí cuenta que ya no soy 100% panameño

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El 13 de Mayo compartí un post en la página de Facebook acerca de las 5 etapas del choque cultural. Por si no lo viste allá, lo puedes ver aquí. Jeje..

La cuestión fue que una de las personas que sigue el blog y las publicaciones, una muchacha húngara que vive en España, me preguntó «y tú Renato ¿en qué etapa estás?», después de haberme dicho que ella se siente bailando entre la etapa 4 y la etapa 5 permanentemente. Muy resumidamente le dije que yo había llegado a la etapa 5 en el 2017 y que había sido un choque muy fuerte. Este post se trata de la respuesta larga a esa pregunta. El choque inverso mas impactante que he sufrido desde que dejé mi país, o mejor dicho, desde que me adapté a Hungría.

A principios de año del 2017 cumplí 4 años de no ir a Panamá. Ese es el período de tiempo más largo sin visitar mi país desde la primera vez que trabajé fuera que fue en el 2003. Busqué vuelos y tal, y me compré mi boleto de avión para viajar a Panamá en otoño. Todo perfecto, feliz de la vida, yo pensando «finalmente ver a mi familia, oler mis playas, mis junglas, mis noches, mi ciudad, comer mi comida».

 

(Paréntesis)

Abro un paréntesis para contarte algo de los húngaros y de su estilo de vida. Los húngaros después de que se casan y tienen hijos, no fiestean. No son de bailar, no son de salir tarde y quedarse hasta el día siguiente. La recreación del húngaro en general, y hablo del húngaro con familia, es totalmente diferente a la de un panameño o latino. El húngaro tiene pasatiempos, quizás algún deporte, se va con los amigos o con las amigas, sí, pero no a bailar. Se sientan en un café, en un restaurante, comen, toman algo de vino o cerveza, y vuelven a la casa temprano. Cuando digo temprano me refiero a entre 8 y 11 de la noche. Ver a un húngaro Padre o Madre de familia en una discoteca es «ritka mint a fehér holló». Ese dicho significa «raro o infrecuente como un cuervo blanco». En Hungría los cuervos son o negros o grises, pero blancos no hay. En fin, los húngaros con familia máximo fiestean en una boda y si no hay una boda en 5 años, pues no se rumbea.

 

Etapa 5

Acercándose el otoño y Renato todo emocionado, comienza a anunciar muy discretamente que visita Panamá. Esto es muy delicado porque si uno no puede ver a todo el mundo, algunas personas se sienten. Los que viven fuera y no van tan frecuentemente de vuelta a visitar saben lo rápido que se pasan 2 semanas. En un abrir y cerrar de ojos y ni siquiera la mitad de las cosas que pensaste hacer las pudiste hacer y ya estas abordando el avión de vuelta.

No me acuerdo exactamente como pasó, pero escuché de la reunión de los compañeros de salón del colegio donde asistí en mi primaria y me invitaron. Me puse muy contento porque tenía décadas de no ver a la mayoría de ellos. Llegué a Panamá, muy feliz, la familia, todo maravilloso. En la segunda semana de estar en Panamá, llega el día de la reunión con los compañeros de colegio.

Era una ocasión especial porque cumplían 20 años de aniversario de la graduación de secundaria. Llego al hotel, muy curioso por verlos y conversar. Entro a la sala donde era la reunión. Justo están tomando la foto oficial de grupo. Corro para salir en la última. Bueno, comienzo la saludadera. Converso con un par y de repente anuncian que ya se puede comenzar a cenar. Vamos todos uno por uno por la comida y todos nos sentamos. Eramos 70 personas aproximadamente.

Yo con mi cabeza ya no tan panameña pensé que la cena y la conversadera iba a durar mas o menos una hora y media. Acá en Hungría entre la sopa, plato fuerte y postre, se toma bastante tiempo y la gente conversa. Siempre hay entre un grupo de húngaros uno o dos que siempre están «motivando» al grupo que tomen y esos son los que usualmente van a buscar los pálinkas y las cervezas. Los otros se quedan conversando en la mesa.

¡Que va! En Panamá no. En 15 minutos ya todos habían comido y en un, dos, por tres ya estaba el DJ mezclando música. Las bocinas a todo dar. Los platos y los cubiertos quedaron solos en las mesas. Todos se pararon y en dos segundos estaban en la pista de baile. De todos, solo 2 nos quedamos fuera. De hecho esa fue la única persona con la cual pude conversar mas de 5 minutos. Literalmente. Yo me quedé estupefacto, porque de chiquitos siempre nos decían que «había que reposar la comida». Una de las compañeras estaba embarazada y otra tenía una pierna enyesada, pero las dos estaban bailando. Por supuesto que depende del tipo de música hubieron pausas, pero la bailadera siguió hasta que nos sacaron del hotel. Creo que eran mas o menos las 3 de la madrugada. Se habló también acerca de after party, pero ya después no me enteré. Me fui a casa.

 

Reflexiones

Yo se y estoy totalmente consciente de que somos rumberos. Veo a mis amigos y familia panameña siempre subiendo fotos en las redes sociales. Estoy claro y conozco mi cultura. Pero aún así, uno se adapta tanto al país donde uno vive, que de verdad la mentalidad y el estilo de vida le cambia a uno. Ese choque inverso me agarró totalmente desapercibido. Lo único en lo que todavía pienso es que si toda mi vida hubiese vivido en Panamá, ¿fuese rumbero?

 

¿Has vivido tú esa etapa número 5? Déjame saber en los comentarios.

Saludos,
Renato

 

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Julio
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Julio

A mi me pasa todo el tiempo, trato de no hablar alto, cuando estoy con húngaros es como volumen aceptable, pero cuando hablamos español es como casi se escucha a medio kilometro de distancia, y me da pena ya que se que a los húngaros no les gusta que se hable tan alto.

Karina Berrío-Gerber
Invitado
Karina Berrío-Gerber

Cuando leí el comentario de Julio, me sentí totalmente identificada. Justamente alguna vez hablando con una amiga panameña acá: ella me dice oye para baja la voz! Y allí me di cuenta que realmente hablamos alto. Con mi esposo al principio era motivo de discusión, me decía: pero no me grites, y yo le decía pero no estoy gritando, es mi tono de voz. Al final creo que ya se acostumbró o probablemente yo ya estoy hablando más bajo. Uno se adapta a todo 🙂

Un panameño en Budapest Un panameño en Budapest